¿Qué es la miopía y por qué progresa?
La miopía es un defecto refractivo en el que los objetos lejanos se perciben borrosos porque la imagen se forma por delante de la retina. Aunque durante años se ha explicado de forma simplificada, hoy sabemos que no se trata solo de “ver mal de lejos”, sino de un proceso biológico relacionado con el crecimiento del ojo, especialmente con el aumento de la longitud axial (fig 1). Aunque también existen otros factores estructurales generadores de miopía como la curvatura de la córnea, pero este factor suele ser más estable a lo largo del tiempo.

En muchos niños, la miopía aparece en edad escolar y progresa de manera gradual durante la infancia y la adolescencia. Este crecimiento ocular no es aleatorio. Intervienen factores genéticos, pero también factores ambientales, como el uso intensivo de visión próxima o la escasa exposición a la luz natural. El ojo, en pleno desarrollo, responde a estos estímulos adaptándose… a veces de una forma que no resulta beneficiosa a largo plazo.
Comprender esta progresión ayuda a las familias a entender por qué poner gafas no frena la miopía, sino que simplemente permite ver nítido. El problema no es la corrección, sino el crecimiento ocular continuo que puede mantenerse durante años si no se interviene de forma específica.
¿Por qué el control de la miopía es una intervención sanitaria?
Hablar de control de la miopía no es una cuestión estética ni de comodidad visual. Es una intervención sanitaria preventiva. A mayor grado de miopía, mayor riesgo de desarrollar en la edad adulta patologías oculares como desprendimiento de retina, glaucoma, maculopatía miópica o cataratas precoces (fig. 2)

Cada dioptría cuenta. La evidencia científica muestra que reducir la progresión, incluso aunque no se detenga por completo, disminuye de forma significativa el riesgo visual futuro. Desde esta perspectiva, el control de la miopía se sitúa en el mismo plano que otras estrategias preventivas en salud infantil.
Para muchas familias, este enfoque supone un cambio de mentalidad. No se trata solo de “ver bien ahora”, sino de cuidar la salud visual del adulto en el que ese niño se convertirá. Esta mirada a largo plazo suele generar tranquilidad cuando se explica con claridad y sin alarmismo.
¿A qué edades se puede controlar la miopía?
El control de la miopía es especialmente eficaz cuando se inicia en edades tempranas, generalmente entre los 6 y los 12 años, coincidiendo con los periodos de mayor crecimiento ocular. En esta etapa, el ojo es más plástico y responde mejor a las intervenciones.
Durante la adolescencia, el control sigue teniendo sentido, aunque la progresión suele ralentizarse de forma natural. En estos casos, el objetivo es reducir el ritmo de aumento y acompañar el final del desarrollo ocular de forma segura.
En adultos jóvenes, el margen de actuación es más limitado, pero no inexistente. En determinadas situaciones, especialmente cuando aún se detecta progresión o se busca estabilidad refractiva, pueden valorarse estrategias específicas. La clave está en individualizar cada caso, evitando promesas poco realistas.
¿Qué entendemos por control de la miopía?
Controlar la miopía no significa curarla ni hacerla desaparecer. Significa ralentizar su progresión, reduciendo la velocidad con la que aumenta la graduación y la longitud axial del ojo. Este matiz es esencial para generar expectativas realistas.
A diferencia de la corrección óptica tradicional, el control de la miopía utiliza estrategias diseñadas específicamente para modificar la señal visual que recibe la retina. El objetivo es enviar al ojo un mensaje distinto, que frene el estímulo de crecimiento.
Este enfoque requiere una visión global del paciente, en la que no solo se tiene en cuenta la graduación, sino también la longitud axial del ojo, la visión binocular, el sistema de enfoque, la edad, el historial familiar, los hábitos visuales y el entorno.
Por eso, el control de la miopía no es una solución estándar, sino un proceso clínico personalizado y requiere de un examen exhaustivo para valorar si es necesario o no comenzar con técnicas de control de miopía, y por cuál empezar.
Opciones actuales para el control de la miopía
Podemos clasificar los métodos de control de miopía en 2 grandes grupos, métodos activos y pasivos.
Los métodos activos, son los que requieren de una colaboración activa del paciente, y son los relacionados con los hábitos visuales o con entrenar el sistema de enfoque y/o la visión binocular (en los casos en los que estas habilidades estén interfiriendo en la progresión de la miopía).
Los métodos pasivos que se describen a continuación, son los que no requieren de una colaboración directa del paciente, y se clasifican en 4 métodos, 3 son optométricos (lentes o lentillas) y 1 oftalmológica (gotas de atropina) (fig.3).

Las 3 opciones optométricas, usan la técnica de desenfoque periférico controlado (o desenfoque miópico periférico) para controlar el crecimiento axial del ojo.
El desenfoque periférico (fig.4) es lo que se genera en cualquier miope compensado con gafas. La imagen queda enfocada en el centro de la retina pero debido a la curvatura del ojo, la imagen que forma la lente en la retina periférica queda por detrás (imagen izquierda de la figura 4). A esto se le llama desenfoque hipermetrópico y todos los estudios coinciden en que es el principal factor de crecimiento de la miopía en niños y adolescentes.
Las 3 opciones pasivas de control de miopía que se detallan a continuación tienen como finalidad convertir el desenfoque hipermetrópico en un desenfoque miópico (imagen de la derecha de la figura 4) donde la imagen que forme la lente o lentilla en la retina periférica quede por delante, evitando así el factor principal de crecimiento axial del ojo.

Lentes oftálmicas de diseño específico
Las lentes oftálmicas para control de miopía incorporan diseños ópticos avanzados que generan desenfoque periférico controlado. Aunque el centro de la lente permite ver nítido, la periferia de la lente tiene menos potencia miópica, consiguiendo así el desenfoque miópico periférico y ayudando a frenar la elongación axial.
Son una opción no invasiva, bien aceptada por muchas familias, especialmente en niños más pequeños. Requieren un uso constante y un ajuste preciso, además de un seguimiento regular para valorar su eficacia real en cada caso.
Esta técnica es la más sencilla de seguir, pero la que menos poder tiene sobre el crecimiento axial del ojo según los estudios. Se suele aplicar en miopías incipientes susceptibles de crecer.
Lentes de contacto blandas de control miópico
Estas lentes, generalmente desechables diarias, combinan comodidad con un diseño óptico pensado para el control de la progresión. Han demostrado una reducción significativa del avance de la miopía en numerosos estudios clínicos.
Además del efecto óptico, en algunos niños su uso mejora la autonomía y la adherencia al tratamiento, especialmente en actividades deportivas. Como cualquier lente de contacto, requieren higiene adecuada y supervisión profesional.
Según los estudios, esta técnica es más eficaz que la anterior, siempre y cuando el manejo y mantenimiento de las lentes de contacto sea adecuado por parte del paciente.
Ortoqueratología nocturna (Orto-K)
La ortoqueratología utiliza lentes rígidas que se usan durante la noche para moldear temporalmente la córnea (fig.5). Además de ser la técnica que mejor controla la profesión de la miopía, durante el día, el niño puede ver sin gafas ni lentes, mientras se mantiene el efecto de control miópico.

Es una técnica muy eficaz, pero exige compromiso familiar, revisiones periódicas y un cumplimiento estricto de las pautas de uso. Bien indicada y bien seguida, ofrecerlos mejores resultados en términos de control de la progresión de la miopía.
Tratamientos farmacológicos
La atropina en bajas concentraciones ha demostrado eficacia en el control de la miopía, con mínimos efectos secundarios cuando se utiliza de forma adecuada. Suele emplearse como tratamiento único o combinado con opciones ópticas. Esta técnica no actúa sobre el desenfoque periférico sino sobre la parálisis parcial del sistema de enfoque, que está demostrado ser otro factor que genera elongación axial ocular.
Su indicación debe realizarse siempre bajo criterio médico oftalmológico, dentro de un abordaje coordinado entre profesionales. No es una solución universal, pero sí una herramienta valiosa en determinados perfiles. El principal inconveniente de esta técnica es que muchos estudios reportan casos de “efecto rebote” en la miopía al detener el tratamiento.
El papel de la visión binocular y el sistema de enfoque
Los estudios recientes publicados en el instituto nacional de la miopía (IMI) sobre la influencia de la visión binocular y el sistema de enfoque en la progresión de la miopía llegan a las siguientes conclusiones:

- El trabajo en visión próxima y la acomodación ocular se han asociado al desarrollo y a la progresión de la miopía pero no se ha demostrado completamente como causa de la misma.
- El esfuerzo acomodativo creciente requerido durante el trabajo en visión próxima se ha propuesto como causa de la miopía. Sin embargo, la relación entre la demanda de acomodación y miopía es compleja.
- La convergencia está sinérgicamente vinculada a la acomodación. Se han documentado excesos de convergencia en niños miopes hasta cuatro años antes de la aparición de la miopía. El exceso de convergencia se ha encontrado en su punto máximo en el inicio de la miopía y sigue siendo estable y elevada por lo menos cinco años después del inicio de la miopía
- Un retraso en la respuesta acomodativa, es más frecuente y a menudo mayor en los miopes, siendo la causa primaria del exceso de convergencia secundario que vemos en muchos niños miopes.
- Los aspectos del desenfoque generados por el retraso en la acomodación, el impacto de la frecuencia espacial en visión próxima y una corta distancia de trabajo pueden estar implicados en el desarrollo y la progresión de la miopía.
- A pesar de la falta de pruebas sólidas investigativas con respecto a la acomodación hasta la fecha, los profesionales de la salud visual y ocular deberían considerar la evaluación del sistema de acomodación y convergencia en miopes jóvenes y aquellos pacientes en riesgo de presentar miopía.
En resumen,dificultades para enfocar, generan un exceso de convergencia para poder ver nítido en cerca, esto crea un estrés en visión próxima, que, en muchos casos, actúa como detonador del crecimiento axial y por tanto, de la miopía (Fig.6).
Por ello, si no se evalúa el sistema de enfoque y la visión binocular en niños miopes, nos perdemos una información muy valiosa que nos sirve tanto para predecir una aparición o aumento de la miopía, como para actuar sobre un factor de control de miopía.
Ya que, en caso de confirmar que la binocularidad y/o el sistema de enfoque está interfiriendo en la progresión de la miopía, herramientas como la terapia visual o lentes/prismas especiales que ayuden al sistema de enfoque a ser más eficaz en visión cercana pueden ser muy útiles en el control de la miopía.
El papel de los hábitos visuales y el entorno
Ningún tratamiento óptico funciona de forma aislada. El entorno visual tiene un peso importante. Aumentar el tiempo al aire libre está demostrado ser un controlador de la progresión de la miopía muy potente, así como reducir el uso continuado de actividades en visión cercana y respetar descansos durante la visión próxima.
No se trata de prohibir, sino de equilibrar. Explicar a los niños por qué salir al exterior ayuda a sus ojos favorece que participen activamente en su propio cuidado visual.
Cuando los hábitos se integran en la rutina familiar, el control de la miopía deja de ser un tratamiento puntual y se convierte en una forma de cuidar la visión a largo plazo.
¿Cómo se decide el mejor tratamiento para cada paciente?
No existe un único tratamiento válido para todos. La elección se basa en una evaluación clínica completa, en el que es obligatorio valorar la graduación, la biometría (medida de la longitud axial del ojo), la binocularidad, el sistema de enfoque y, a la vez, tener en cuenta factores como la velocidad de progresión, la edad de inicio de la miopía y los antecedentes familiares.
También se valoran aspectos prácticos como: rutinas diarias, actividades deportivas, nivel de responsabilidad del niño y apoyo familiar. Un tratamiento eficaz es aquel que, además de funcionar desde el punto de vista clínico, se puede mantener en el tiempo.
Este proceso de decisión compartida suele generar confianza. Cuando las familias entienden el porqué de cada opción, el tratamiento deja de vivirse como una imposición y pasa a ser un proyecto común.
Seguimiento clínico y control de la progresión
El control de la miopía no termina con la elección del tratamiento. El seguimiento periódico es una parte esencial del proceso. Medir la graduación, la agudeza visual y la longitud axial, permite valorar la evolución real de forma objetiva.
Estas revisiones sirven también para resolver dudas, ajustar expectativas y reforzar la adherencia. En muchos casos, los pequeños avances son motivo de tranquilidad para las familias, que comprueban que el esfuerzo merece la pena.
El seguimiento transmite un mensaje claro: la miopía se controla acompañando, no solo prescribiendo.
Mi experiencia clínica
En mi práctica clínica, ante un caso de “nueva miopía” el primer paso es comprobar que esa miopía es real, y para eso y para hacer control de miopía, es obligatorio disponer de un biómetro para medir la longitud axial. Ya que, conociendo la longitud axial y la curvatura de la córnea, podemos asegurar al 100% que se trata de una miopía real o, en caso contrario, asegurar que es una falsa miopía generada por un sobreesfuerzo del sistema de enfoque.
Por ello, valorar la longitud axial junto con una evaluación del sistema de enfoque y binocular se me hace imprescindible en mi práctica clínica para el control de miopía.
Además, las gráficas del biómetro (fig .7) para conocer la evolución de cada paciente son muy visuales para padres y madres y nos dan una medida objetiva sobre si la miopía está en progresión o no.

Consejo experto: siempre comparo la miopía con un barco (fig.8). Si nuestro sistema visual fuera un barco, la mayoría de estos barcos hoy en día navegan por el gran océano de la miopía. Algunos de ellos tienen la suerte de navegar cómodamente sin hundirse. Sin embargo, la gran mayoría de ellos, en algún momento, presentan dificultades y comienzan a hundirse.

En todo barco, existen tres lados: proa, babor y estribor. Cuando un barco (sistema visual) comienza a hundirse es muy importante identificar el agujero (causa) por donde está entrando el agua. Si miramos a proa, tenemos los factores no modificables como son: la genética. Y en este lado del barco lo único que podemos hacer (como optometristas) para salvar el barco es poner la graduación que vaya solicitando. FIN.
Si miramos a babor, nos podemos encontrar con más agujeros que podemos tapar para salvar el barco. Aquí podremos controlar la subida de la miopía con algunas de las técnicas que ya conocemos y que he descrito en este artículo: Orto-K, lentes blandas o gafas de desenfoque periférico.
Pero si miramos a estribor y nos encontramos con la acomodación y la binocularidad, comprobaremos que la cantidad de agujeros que podemos encontrar para tapar pueden ser muchos más y de mayor tamaño: insuficiencias acomodativas, excesos acomodativos, endoforias etc.
Cualquiera de los agujeros (disfunciones) que haya en estribor, son señales de auxilio que el barco envía para decirnos que presenta estrés en visión cercana y que si no tapamos dicho agujero… El barco se seguirá hundiendo más y más para ganar confort en visión cercana, aunque para eso tenga que hundirse en el océano de la miopía.
Dicho todo esto, la reflexión que yo hago a mis compañeros optometristas en mis formaciones es:
Como optometristas, si solo miramos a proa y lo único que hacemos es prescribir la graduación sin ni siquiera asomarnos a babor y estribor ¿Realmente somos el capitán del barco y queremos salvarlo? ¿O estamos siendo violinistas que amenizamos el hundimiento anunciado del barco?
Seamos optometristas valientes, formémonos y seamos el capitán de la visión de nuestros pacientes.
Y si eres padre/madre y estás preocupado por la progresión de la miopía de tu hijo/a, mi consejo es que acudas a centros con optometristas especializados en control de miopía, que miren más allá de la graduación y puedan orientarte con criterio y coherencia sobre la mejor solución en tu caso.
Estamos en el siglo XXI y la miopía no se puede reducir, pero se puede frenar y debemos frenarla por pura salud ocular.
Preguntas frecuentes sobre el control de miopía
¿Cómo puedo controlar la miopía?
El control de la miopía comienza con una evaluación optométrica completa, que permita identificar el riesgo de progresión y seleccionar la estrategia más adecuada según la edad, la graduación, el historial familiar y el estilo de vida.
Para ello, es fundamental, además de la graduación, la medida de la longitud axial y la valoración del sistema de enfoque y binocular.
A partir de ahí, el control se basa en el uso constante del tratamiento indicado, revisiones regulares para valorar la evolución y la incorporación de hábitos visuales saludables, como aumentar el tiempo al aire libre y reducir la exposición prolongada a visión próxima.
¿Qué son los lentes de control de miopía?
Los lentes de control de miopía son lentes oftálmicas o de contacto diseñadas específicamente para frenar la progresión miópica, no solo para corregir la visión borrosa. A diferencia de las gafas convencionales, estos lentes modifican la imagen periférica que llega a la retina, enviando una señal que ayuda a reducir el estímulo de crecimiento del ojo, con el objetivo de disminuir el aumento de la graduación a lo largo del tiempo.
¿Qué es la Orto-K?
Es el tratamiento de control de miopía con más evidencia científica que consiste en una lente de contacto rígida permeable al gas que se utiliza únicamente para dormir, esta lente moldea la córnea mientras duermes y, además de compensar la miopía durante el día sin gafas ni lentillas, genera un desenfoque miópico potente que controla muy bien la progresión de la miopía.
¿Qué es la miopía axial?
La miopía axial es el tipo más frecuente de miopía y se produce cuando el ojo es más largo de lo normal, de modo que la imagen se enfoca por delante de la retina. Este alargamiento axial es el principal responsable de la progresión miópica en la infancia y la adolescencia, y está directamente relacionado con el aumento del riesgo de complicaciones oculares en la edad adulta.
¿Se puede revertir la miopía axial?
La miopía axial no se puede revertir, ya que el crecimiento estructural del ojo no es reversible. Sin embargo, sí se puede frenar o ralentizar su progresión, especialmente cuando se actúa en edades tempranas mediante estrategias de control miópico basadas en evidencia. El objetivo clínico no es reducir la longitud axial ya alcanzada, sino limitar su aumento futuro y proteger la salud visual a largo plazo.
¿Cuál es el mejor método para frenar la miopía?
No existe un método universal para todas las miopías. Sí que es cierto que el método que más evidencia tiene para frenar la miopía es la ortoqueratología nocturna pero todo dependerá de muchos factores como la edad del niño/a, su autonomía, su responsabilidad, sus hábitos, la edad de aparición de la miopía. En base a todo ello, se informa a padres y madres de los diferentes métodos de control de miopía con sus pros y contras, y se decide en común el método a seguir, pudiendo cambiar en futuras revisiones en caso de que no sea suficiente o no se esté siguiendo con la frecuencia deseada.
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